duele más que la misma soledad,
duele su aroma, duele también el sabor,
y la conciencia de que se hunde de verdad.
El silencio arde en los corazones que han amado,
y a los que nadie quiso amar,
duele en los corazones empeñados
en echar, de pronto y sin pensar, a volar.
El silencio pesa en los ojos de la vida,
por que juega a amar sin precisión,
dando igual aquel alma que olvida
cuál es su verdadero y puro corazón.
El silencio experimenta con vidas ajenas
que solo querían aprender a querer
y olvida cada una de las penas,
las penas que yo misma llegué a poseer.
El silencio enmudece al amor que ya está mudo
acaricia a ratos los corazones muertos,
y en los ojos, con un silencio estrepitosamente crudo
se lleva las vidas que han quedado como casos abiertos.

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