
Qué efímera es la existencia. Qué absurdo es recordar y qué estúpido es querer que algo sea eterno. Que crudo es el amor cuando es flor marchita, y qué hermoso en primavera, justo cuanto amas la melodía de aquellos pájaros. Qué bello es ver pasar el tiempo junto a las personas a las que aprecias, y que duro es saber que los estamos perdiendo, a él, el tiempo, y a ellas, las personas, entre risas y tristezas. Que crueldad resulta saber que, como vinimos, nos iremos, entre lágrimas, y sin nada material, banal, efímero. Qué curioso es descubrir, entender, que esa es a razón de que intentemos compartir nuestra vida, nuestro espacio y esas dulces, y, no tan dulces, experiencias. Qué difícil parece levantarse cuando lo ves de lejos, con esa curiosa miopía de la que fue dotado el hombre, a la que llamamos miedo. Qué dulces son los labios de la vida, y que rudos los ojos de la muerte. Cómo duelen las lágrimas cuando son por amor, y cuánto arden los sueños provocados por la nostalgia. Cuán difícil parece jugar con el azar y qué distinto resulta cuando es él quién mueve las fichas de tu destino incierto. Qué simpático parecía crecer y qué insoportable resultó luego, cuando inversamente proporcional variaba la creencia de que conocíamos todo en la vida. Qué bonito conocer mundo y qué trágico muestra ser el darnos cuenta de que no somos más que un punto en medio de la nada, un número o un conjunto de estos, o un silencio en medio del inmenso Universo. Cómo brillan las estrellas cuando amas y cuánto miedo da la oscuridad cuando la soledad prima. Quién diría que los momentos son recuerdos y las ganas frustraciones furtivas. Quién sacude los hilos de mi verdadera vida y qué está haciendo con todos mis sueños, que me diga. Cuanto corre alguien que quiere alejarse, que quiere escapar, que lo desea realmente. Cómo ensucia el tiempo las ganas de soñar y cómo ensucia la vida el ansia de querer y que nos quieran. Cuantos besos se derrochan por el paso de los días pobres en verdad y ricos en causas miserables y fluctuosas. Cómo duele la guerra, casi tan dolorosa como las manos de aquellos que fueron obligados a trabajarla, las consciencias de aquellos que manipularon sus bases, o los corazones de aquellos a los que hundió en el fango. Cómo asusta vivir, y qué reconfortante es haber aprendido algo sobre todo lo que tendremos que hacer el resto de nuestros años. Cuánto cuesta amar a alguien de verdad, y que te ame también de la misma forma, el mismo tiempo y con la exacta intensidad con la que tú le amas. Qué larga es la cola de la gente que quiere abandonar el barco, cansados, por otra parte de ahogarse en el mismo vaso de agua. Qué valor tan imbécil ha adquirido el dinero, que está volviendo a llegar al punto de poder comprar vidas y la felicidad de algunos que se creen que saben vivir. Qué extraña es la vida, querido amigo, que extraño es amar, querido hermano, si cuando no quiero llorar, a veces lloro, si cuando quiero hablar, hay veces que callo.
PAULEE (=