Vistas de página en total

jueves, 10 de diciembre de 2015

Lo sabemos


    Te echo tanto de menos a ratos, te extraño tantísimo. Y lo que más me amarga es que ni siquiera te lo puedo decir, no puedo hablar contigo. Y no sé qué va a ser de nosotros, te echo de menos hasta que me duele, y no encuentro en otros labios la miel que hallé un buen día, y durante tantos años, en los tuyos. Me ardes como cien fuegos simultáneos, levantándome la piel y desgarrándome el corazón. Tu recuerdo se dibuja lúcido, casi perfecto, tan real, que me da miedo no poder tocarte, no poder depender de tus abrazos, que me salvaron de tantas tormentas, de tantas caídas, de tanto dolor. Te difuminas, como nubes de algodón en un cielo de simpleza. Te grito, pero no abro la boca, te grito en silencio pidiendo que vuelvas, aunque ni siquiera yo esté segura de si deberías volver. Y no puedo evitar preguntarme qué pasará luego, qué vendrá después, después de este aborigen de gritos en silencio, de llantos a pedazos y de fe inquebrantable en que fue lo mejor que pudimos hacer.

   Sé que tú también me extrañas, que también sufres por no poder venir en mi búsqueda, que también a ratos te planteas retomar esa vida conmigo, que en un determinado momento iba a ser para siempre, y que luego se rompió así, sin más, sin avisar de que lo haría. Sé que me echas de menos, puedo sentir tu dolor a kilómetros, porque, no sé si recuerdas, estábamos hechos el uno para el otro, fuimos las dos mitades de un corazón, y ahora yo me estoy partiendo por tu mitad. Sé que no hay día que no pienses en mi, y que me estás amando como hacía mucho, muchísimo tiempo que no me amabas.

    Y no podemos seguir así, mordiéndonos los labios por no decir una palabra, yo haciéndome la fuerte, y tú tirando de ese orgullo para no reconocer que quizá pudiste haberte equivocado. No podemos seguir así, cayendo en ese agujero interminable, y callando palabras que, a pesar de haber sido nuestras, ahí se quedan, en el olvido de un ayer, en la paz de tus ojos, en la verdad de los míos. En el tú y yo, que fue un nosotros, y que es un nada. No podemos seguir así, porque te echo demasiado de menos a ratos y tú me extrañas cada día. Lo sé, lo sabes. Lo sabemos.


PAULEE (=