Qué efímera es la existencia.
Cuanto despreciamos el dolor y de qué manera nos pegamos a él como moscas,
revoloteando alrededor de los desechos de una sociedad triste y materialista.
Cuántas lágrimas derramamos entre todos al día, a la semana, capaces de abastecer
las necesidades de agua globales en un año, pero las lágrimas no pueden
beberse, están hechas de sueños rotos, de esperanzas vacías y de corazones
partidos. Las lágrimas nos hacen morir de sed, a nosotros que estamos sedientos
de deseos que nunca se cumplen en el momento y el lugar precisos, están llenas
de sensaciones maravillosas y tétricas al mismo tiempo, como la de amar, amar
en el amplio sentido de esta basta palabra. Porque todos amamos durante nuestro
ciclo vital, todo el rato. Amamos lo que no tenemos, lo anhelamos, casi
predadores de una meta que se muestra difícil de conseguir, y cuanto más difícil
se muestre la misma, más crecerá nuestra ambición por alcanzarla, queremos lo
que no tenemos, y cuando lo conseguimos, nos acostumbramos tanto a ello que
comenzamos a restarle importancia, a tenerlo como a aquel trasto que sigue ahí
y nos confiamos, nos confiamos pensando que exactamente eso hará, se quedará
ahí, pero no es cierto, las cosas se estropean y las personas se cansan, y
entonces cuando hemos perdido algo que nos pertenecía, a alguien a quien
implorábamos, es entonces, como los valientes gilipollas que somos, cuando nos
hundimos, nos echamos la culpa por no haberlo cuidado, y nos damos cuenta de la
falta tan inmensa que esto nos hacía. Pero es una de las desventajas que tiene
el amor. El amor que es un arma de doble filo, que te llena de alegría y te
hunde en la más atroz miseria, que te hace culparte de cosas de las que no
tienes culpa, que te hace necesitar a alguien, depender del mismo. El amor que
se mezcla entre otros ámbitos de tu vida, te roba el tiempo y las sonrisas,
pero no sirven de nada las sonrisas cuando una persona tiene el corazón
partido. El amor que hemos idealizado durante años, que nos hace daño a todos,
pero sin embargo queremos lograrlo, nos peleamos, luchamos por hallar uno de
verdad. El amor que nos ha tirado tanta veces al suelo y nos ha hecho tantas
heridas que es difícil pensar que podamos volver a subirnos a su tren, pero lo
hacemos, aunque nos prometamos que no dejaremos que ocurra, volveremos a
enamorarnos. Y es así, somos tontos, nos arrastramos y perdemos la dignidad,
colgados de unos sentimientos que todo el mundo cree y quiere tener, pero que
pocos alcanzan, y cuando son alcanzados siempre duelen. Duele la realidad y la
distancia, duele cuando la gente a la que aprecias se marcha de tu vida, y con
frecuencia la gente lo hace, se van lejos, lejos donde ya no pueden abrazarte,
donde no los puedes casi ver. Pero es así, así de efímero es todo en esta vida,
y aun así yo mantengo la esperanza de ser feliz aunque sea solo a ratos.
PAULEE (=