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martes, 12 de octubre de 2010

o.o

Fue demasiado fácil decirlo,
de hecho no te costó casi nada,
lo difícil fue, para mi, admitirlo,
admitir que estaba completamente enamorada.

Ni tú ni yo pudimos creerlo,
era algo que en un principio se consideró imposible,
más no nos costó nada hacerlo,
no nos costó nada volvernos invisibles.

Nos volvimos invisibles y caminamos de la mano por la ciudad,
me tenías que haber avisado de que aquello no era eterno,
de que volvería, con tu marcha la frialdad,
después de un verano hermoso, con la llegada del invierno.

Llegó el invierno y tú seguías rodeando mi cintura,
por que siempre te fue fácil decir un te quiero,
pero no era de verdad, y nos condujo a la locura,
parecía cierto, pero no era sincero.

Te oí decir tantas veces que no me fuera,
te escuché llorar muerto de celos,
pero no era una sensación verdadera,
era fría y dura, como todos aquellos hielos.

Como todos aquellos hielos que me congelaron el corazón,
que solo sabía, para entonces, jugar,
jugar a perderse entre la tupida sinrazón,
jugar a querer, a amar....

Jugaste a amar, ladrón de corazones,
jugaste y yo te creí,
jugaste con cada una de mis sensaciones,
por que en el fondo sabías que jamás aprenderé a vivir sin ti.

No aprenderé a vivir sin ti, por que me duele el silencio cuando estás lejos,
no aprenderé a mirar a otro lado sin estar pendiente de lo que haces,
ya no reconozco mi reflejo en los espejos,
ya mis sensaciones no se ven capaces.

No se ven capaces de buscar a aquella niña que llegué a ser,
antes de haberme enamorado,
antes de aprender a querer
aquella niña que he olvidado.

Aquella niña que olvidaste tu también,
mientras me acariciabas mi piel desnuda,
mientras me tenías en mi más completo edén,
mientras mi boca, ilusa, se hallaba muda.

Ahora no sé vivir sin aferrarme a tu boca,
ahora no sé vivir sin pedirte que te marches, por que siento,
que cada uno de tus gestos me vuelva loca,
que todos tus te quiero se vallan junto al viento.

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