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lunes, 6 de febrero de 2012

Reconócelo.

Reconócelo, tú también te enamoraste alguna vez, y deseaste que ese amor fuera para siempre, aunque luego descubriste que las cosas eternas no existían. Tú también has tenido miedo de caer en algo que habías caído anteriormente hasta que te diste cuenta de que evitar la caída era algo estúpido. Reconócelo, tú también te preguntaste mil veces a qué sabían los besos antes de dar el primero y descubrir que cada uno sabe diferente, unos a cariño y seguridad, otros a deseo y desenfreno, y algunos otros, a silencio artificial e inocuo. También te has sentido solo o sola alguna vez en tu vida, para luego darte cuenta de que es imposible sentir soledad si somos casi siete millones de personas en La Tierra. Reconócelo también algún amigo o alguna amiga te defraudó una vez, o más de una vez, y, por suerte, has ido descubriendo poco a poco quienes son de verdad los que merecen tu amistad. Reconócelo, también hiciste daño a alguien sin querer y luego te diste cuenta de que era injusto que echases la culpa a otros que te dañaron antes, porque quizá tampoco querían. Tú también prometiste cosas que no cumpliste, y has ido aprendiendo que las palabras hay que sopesarlas mucho antes de decirlas, porque igual te las tienes  que acabar tragando. Reconócelo tú también te viste en un problema y pensaste que de esa no salías, pero acabaste saliendo. Reconócelo, tú también has dicho que el amor es lo más maravilloso que hay en el mundo, para luego, en otra época, dijiste que es una mierda. Tú también te has prometido a ti misma, o a ti mismo que te centrarías, que no te emborracharías más, que a partir de un momento estudiarías en serio, que no ibas a volver a caer en las mentiras de más personas… y acabaste por incumplir dichas promesas sin querer. Reconócelo, tú también cotilleas sobre la gente de vez en cuando y te importa lo que digan los demás de ti, aunque digas que pasas de todo. Reconócelo tú también te morías de ganas por perder la virginidad, te lo imaginabas todo de otra manera, y te has dado cuenta de lo mucho que ha cambiado para ti a lo largo del tiempo, el sexo. Reconócelo tú también eras diferente a cómo eres, y le echas la culpa a las personas que pasaron por tu vida, sin darte cuenta de que en el fondo tienes mucho que agradecerles. Tú también dejas las cosas para el último día y luego el último día las haces corriendo y, muchas veces, a la mitad. Reconócelo, tú también te las diste de que eras el o la que más sabía hasta que te diste cuenta de que jamás podrías conocerlo todo. Reconócelo, te creías diferente, pero te diste cuenta de que no hay nada más común que creerse especial. Tú también sabes que nos estamos cargando el planeta pero, si tuvieras que elegir entre eso y tu felicidad, la segunda opción te parece más apetitosa. Reconócelo también tienes larga conversaciones por tuenti o Messenger, en las cuales la mitad son solo caritas y corazones. Reconócelo, también te enamoraste de la idea que tenías de una persona y luego, al verla de verdad, te diste cuenta de tu ceguera. Reconócelo tú también has querido tirar muchísimas veces la toalla y todavía no entiendes de dónde sacas esas fuerzas para salir a delante. Reconócelo alguna vez te llegó a gustar aquella chica de la que decías: Por dios…pero si es feísima… o aquel chico al que tachaste de “parado”. Reconócelo tú también tienes días en los que preferirías ni salir de la cama, y días cuyo recuerdo quieres guardar para siempre.







Reconócelo, al leer esto te has dado cuenta de que en el fondo todos somos iguales y buscamos lo mismo, todos nos enamoramos, desenamoramos, reímos, lloramos, aprendemos, olvidamos, caemos, nos levantamos… Y, reconócelo, te acaba de gustar por el mero hecho de que dice algunas o bastantes verdades sobre ti. En el fondo todos somos personas. 


PAULEE (= 

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