Mientras rompes el silencio con tus palabras rudas, yo sueño que todo eso es verdad, que realmente me quieres, por encima del interés en mi cariño físico, por encima de lo que puedo darte sobre la cama y no día a día. Mientras me dices que me quieres, yo hago el esfuerzo de todos los días por creerte, por imaginar que eres diferente a los demás. Mientras me hablas de un adiós hago como que no lo oigo, pero tú subes la voz y me derrumbas, tú subes la voz y desvanezco, tú subes la voz y yo, yo me olvido de hablar para rendirme a tus palabras culpables. Mientas me dices que te irás, te pido que me abraces, pero tú ya gastaste todo lo que tenías, tú calor ya no será más mío, y mi habitación se vuelve y volverá más fría por momentos. Mientras intentas que imagine que eres un caballero, subido a tu caballo de cristal, me miras, me hielo, me callo y temo que desaparezcas mañana, cuando el sol rompa la noche y el sexo sin control quede muy atrás, horas y horas atrás, toda una vida que deja de ser mía y comienza a ser solo tuya, como todo ese amor que, últimamente, solo yo ofrezco.
Quiero huir de tus hilos mentirosos, pero no me dejas, vil sentenciador. Quiero marcharme lejos de la lujuria que escondes bajo tus sábanas cobardes, quiero correr por encima del cielo que llegué a tocar de tu mano, y mirarte de lejos jurando que ya te olvidé. Quiero ser yo, únicamente, la dueña de mi tiempo que ahora y siempre es tuyo, quiero vivir, pero tú no me dejas. Me necesitas más que a ti mismo, me necesitas en cada madrugada en vela para decirte entre besos que ya todo pasó. Me necesitas en cada suspiro que yo también cumplí como buena recluta de tu cordura inexistente. Me necesitas en cada caída entre las nubes falciformes, para darte mi mano y enseñarte a continua.
Y no me dejas irme, tú no me dejas irme, eres un estúpido egoísta, misterioso mendigo de caricias que yo una vez te vendí a cambio del tiempo que me robaron tus horas, sucio ladrón de corazones. Y a mí me da coraje. Todo me da coraje. Me da coraje que no me ames con razón, solo en cuentos de miles de mentiras, me da coraje que solo me digas te quiero para llevarme al lecho de tu desesperación, para que nos revolvamos, cual diablos curiosos, en tu colchón de fuego inocuo y miserable. Y lo que más coraje me da, sin duda, es que yo nunca elegí quererte y tú nunca me quisiste elegir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario