En la soledad de mi habitación
echo de menos tus dulces besos, dormidos sobre mi piel y sobre la comisura de
mis labios desde que me clavaste el último silencio en el corazón.
Te empeñas el amarla a ella y en
que lo mejor sería que no nos volviésemos a ver a solas. Sé que tienes miedo de
olvidarla conmigo y de enamorarte de mí, de volver a hacer lo mismo y que yo te
haga el daño que ella implantó de una manera radical, como todo lo que hacía,
en tu recuerdo. Por eso te aferras al dolor de un imposible, mientras, tratando
de no rendirme, juego a convencerte de que yo no soy ella, de que valgo mucho
más, y de que te voy a regalar la felicidad que ella te robó. Si me quieres,
voy a quererte y no te dejaré marchar.
No es justo. No lo entiendes. No
entiendes que conmigo la olvidarías, por eso, tampoco estoy segura de que
quieras olvidarla. Tampoco estoy segura de porqué fue tan importante, pero,
créeme cuando te digo que si supiera qué hizo para tenerte como un esclavo a
sus pies, tomaría su guion como mío en esta obra de tu vida.
Necesito que me quieras y no me
rendiré hasta lograrlo, te lo prometo. Hasta lograr que, dónde ELLA estuvo,
solo quede YO.
PAULEE (=

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