Pensé que tras tus palabras que dolían, mi corazón se había hecho poco a poco duro y frío, como el hielo. Y sin embargo olvidé que el hielo ante el calor se derrite, y ante un golpe fuerte se resquebraja. No existe persona tan dura como para aguantar los golpes que da la vida, ni persona tan fría como para no sucumbir al calor de un abrazo. Y yo sigo siendo persona, aún que, por ti, halla perdido la razón que me caracteriza como tal.
PAULEE (=
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