Te
echo tanto de menos a ratos, te extraño tantísimo. Y lo que más me
amarga es que ni siquiera te lo puedo decir, no puedo hablar contigo.
Y no sé qué va a ser de nosotros, te echo de menos hasta que me
duele, y no encuentro en otros labios la miel que hallé un buen día,
y durante tantos años, en los tuyos. Me ardes como cien fuegos
simultáneos, levantándome la piel y desgarrándome el corazón. Tu
recuerdo se dibuja lúcido, casi perfecto, tan real, que me da miedo
no poder tocarte, no poder depender de tus abrazos, que me salvaron
de tantas tormentas, de tantas caídas, de tanto dolor. Te difuminas,
como nubes de algodón en un cielo de simpleza. Te grito, pero no
abro la boca, te grito en silencio pidiendo que vuelvas, aunque ni
siquiera yo esté segura de si deberías volver. Y no puedo evitar
preguntarme qué pasará luego, qué vendrá después, después de
este aborigen de gritos en silencio, de llantos a pedazos y de fe
inquebrantable en que fue lo mejor que pudimos hacer.
Sé
que tú también me extrañas, que también sufres por no poder venir
en mi búsqueda, que también a ratos te planteas retomar esa vida
conmigo, que en un determinado momento iba a ser para siempre, y que
luego se rompió así, sin más, sin avisar de que lo haría. Sé que
me echas de menos, puedo sentir tu dolor a kilómetros, porque, no sé
si recuerdas, estábamos hechos el uno para el otro, fuimos las dos
mitades de un corazón, y ahora yo me estoy partiendo por tu mitad.
Sé que no hay día que no pienses en mi, y que me estás amando como
hacía mucho, muchísimo tiempo que no me amabas.
Y
no podemos seguir así, mordiéndonos los labios por no decir una
palabra, yo haciéndome la fuerte, y tú tirando de ese orgullo para
no reconocer que quizá pudiste haberte equivocado. No podemos seguir
así, cayendo en ese agujero interminable, y callando palabras que, a
pesar de haber sido nuestras, ahí se quedan, en el olvido de un
ayer, en la paz de tus ojos, en la verdad de los míos. En el tú y
yo, que fue un nosotros, y que es un nada. No podemos seguir así,
porque te echo demasiado de menos a ratos y tú me extrañas cada
día. Lo sé, lo sabes. Lo sabemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario