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viernes, 7 de diciembre de 2012

Todas las flores merecen esa calidez.

Al dulce calor de un silencio, de un beso, de una nueva calada al amor, se refugiaban las almas que supieron encontrar a alguien  con el fin de quererse.  Y el frío fuera, amargo  y blanco, alumbraba las calles llenas de polvo hecho de sueños. Al cálido aroma de las palabras tostadas por el fuego, de las conversaciones tranquilizadoras y de los abrazos que saben a cariño, se teñían los miedos, mientras fuera, el gélido susurrar del frío invierno marchitaba a otras flores que también ansiaban encontrar ese dulzor.

PAULEE (=

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